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Artículos e Investigaciones
» Carta del teólogo y alquimista John Pordage a su soror mystica Jane Leade
El texto que a continuación copiamos ha sido extraído del libro “Psicología de la Transferencia” de Carl Gustav Jung.
Carta del Teólogo y Alquimista inglés John Pordage (1607 – 1681) dirigida a su Soror Mystica Jane Leade:
“Este horno sagrado, este Balneum Mariae, esta redoma de vidrio, este horno misterioso, es el lugar, la matrix y el centrum, de donde brota, hierve y tiene su origen la tintura divina. No creo necesario recordar el asiento o el lugar donde tiene su albergue y permanencia la tintura, ni mencionar su nombre, sino que tan sólo recomiendo tocar en su fondo. Salomón nos dice en su Cantar de los Cantares que su albergue interior no está lejos del ombligo, que semeja una copa redonda llena del sagrado licor de la tintura pura. El fuego de los filósofos lo conoce, ésta era la llave que guardaban escondida… El fuego es el amor fuego-vida, que brota de la Venus divina, o el amor divino; el fuego de Marte es demasiado intenso, demasiado cáustico y demasiado feroz, de modo que la materia quedaría reseca y quemada: de ahí que sólo el fuego-amor de Venus posee las propiedades del fuego verdadero y justo.
Esta filosofía verdadera os enseñará cómo deberéis conoceros a vos misma, y cuando así os conozcáis bien conoceréis también a la pura naturaleza; porque la pura naturaleza está en vos misma. Y cuando hayáis conocido que la pura naturaleza, la vuestra, exenta de toda identidad maligna y pecaminosa, es la verdadera identidad, entonces conoceréis también a Dios; porque la divinidad está escondida y envuelta en la pura naturaleza como la semilla de la nuez en la cáscara…La verdadera filosofía os enseñará quien es el padre y quien la madre de este niño mágico… El padre de este niño es Marte, él es el fuego-vida, que deriva de Marte como cualidad paterna. Su madre es Venus, que es la tierna amor-fuego, y que deriva de la cualidad del hijo. Por doquier veis lo masculino y lo femenino, el hombre y la mujer, la novia y el novio, las primeras nupcias o las bodas de Galilea, como propiedades y formas de la naturaleza, que se verifican entre Marte y Venus cuando vuelven de su estado de caída. Marte o el esposo, debe convertirse en un hombre divino, de lo contrario Venus no se casará con él ni lo conducirá al tálamo nupcial sagrado. Venus debe convertirse en una virgen pura, en una esposa virginal, de lo contrario no la tomará como esposa, en la ira-fuego, el celoso y colérico Marte, ni vivirá unido a ella; sino que en lugar de unión y armonía sólo habrá disputas, celos, discordia, y enemistad bajo las propiedades de la naturaleza… Así que si os proponéis llegar a ser una artista instruída debéis pensar seriamente en la unión de vuestros propios Marte y Venus, de modo que el lazo nupcial quede debidamente anudado y la unión entre ellos se cumpla realmente. Debéis cuidar que yazcan juntos en el lecho de su unificación y vivan en dulce armonía, pues entonces la casta Venus dará en vos sus perlas, su espíritu-agua, para suavizar el espíritu-agua de Marte, y la ira-fuego de Marte penetrará de buen grado con amor y dulzura en el fuego amoroso de Venus, y así las dos propiedades, en forma de fuego y agua, se mezclarán, se unirán y fluirán la una en la otra; de su unión y unificación saldrá el primer fruto del nacimiento mágico, que se denomina tintura, la tintura de amor-fuego. Más es peligroso que la tintura sea concebida en la matriz de vuestra humanidad y despertada a la vida, pues es de temer que mientras se encuentre todavía en el cuerpo o matriz, o antes de que sea sacada a la luz a su debido tiempo, pueda aun ser descuidada. De manera que debéis buscar una buena niñera que os comprenda bien en vuestra niñez y os nutra debidamente: y tal debe ser vuestro propio ánimo puro y vuestra propia casta voluntad. El alimento adecuado del niño es el amor-fuego de Venus y no la ira-fuego de Marte, pues esta última ahogaría y mataría al niño. Después de haber sido debidamente nutrido el niño, templado en la lucha por la vida con las propiedades de la naturaleza, debe ser examinado y puesto a prueba; con eso surgen nuevos peligros y grandes preocupaciones; puesto que puede sufrir daños en el cuerpo y la matriz de la prueba y malograros el nacimiento. Pues aquí debe la suave tintura, el suave niño de la vida, , descender a las formas y propiedades de la naturaleza, para poder sobrellevar y resistir los padecimientos y la prueba; debe necesariamente descender a la oscuridad divina, al oscuro Saturno, en el cual ninguna luz de la vida aparece; allí dentro debe ser tenido prisionero, atado con las cadenas de la oscuridad y debe vivir del alimento que le dará Mercurio; que nos es otra cosa para la tintura divina que polvo y ceniza, veneno y hiel, fuego y azufre. Debe entrar en el iracundo y feroz Marte, por el cual será tragado (como Jonás en el vientre del infierno), y experimentar la maldición de la ira divina; también debe ser probado por Lucifer y millones de demonios que habitan en la virtud del fuego-ira. Y aquí ve el artista divino el primer color en esta obra filosófica, en que aparece la tintura tanto más negra en su negrura: es la negrura más negra; los filósofos instruídos la llaman su corneja negra, o su negro cuervo, o también su negrura bienaventurada y bendita; porque en la oscuridad de esta negrura se halla escondida en la virtud de Saturno la luz de las luces; y en este veneno y en esta hiel se halla escondida en Mercurio la medicina más preciosa contra el veneno, la vida de la vida: y en la furia o ira y maldición de Marte se halla escondida la tintura bendita.
Aquí se le antoja al artista que todo su trabajo está perdido. ¿Qué se hizo ahora de la tintura? No hay nada aquí, según parece, que pueda ser visto, conocido u olido fuera de la oscuridad, de la muerte dolorosa, de un fuego infernal, espantos; nada más que la ira y la maldición de Dios; pues no ve que en esta putrefacción o disolución o destrucción de la tintura de la vida, en esta oscuridad, hay luz, en esta muerte, vida, en esta furia y enojo , el amor, y en este veneno la más alta y preciosa tintura y medicina contra todo veneno y toda enfermedad.
Los antiguos filósofos llamaban a esta obra o tarea su descensión, su cineración, su pulverización, su muerte, su putrefacción de la materia de la piedra, su corrupción, su caput mortum. Esta negrura, o color negro, no debéis pues despreciarla, sino persistir en ella con paciencia, y sufrimiento y serenidad hasta que transcurran vuestros cuarenta días de prueba, hasta que lleguen al fin los días de vuestro sufrimiento, pues entonces la semilla de la vida despertará por sí misma a la vida, se levantará, se sublimará o enaltecerá, se blanqueará a sí misma, se purificará y santificará a sí misma, se dará a sí misma la rojez, es decir, se glorificará. Entonces, una vez que la obra haya llegado a este punto, será fácil hacer lo que resta: pues los filósofos ilustrados dijeron: a partir de este momento la fabricación de la piedra es tarea de mujeres y juego de niños. De manera que, cuando la voluntad humana se ha entregado y apaciguado, tornándose a costa de sufrimientos, inmóvil y como una nada muerta, entonces la tintura todo lo puede hacer lograr en y para nosotros; es entonces, cuando podemos calmarnos y holgar y reposar de todos nuestros pensamientos, movimientos e imaginaciones. ¡Pero cuán difícil, dura y amarga resulta esta obra a la voluntad humana antes de llegar a esa forma y poder al fin detenerse en calma, puesto que todo fuego se desencadena para aquilatarla y toda clase de pruebas se precipitan sobre ella!
Aquí hay, como veis, un gran peligro, y la tintura de la vida puede muy fácilmente perderse y malograrse el fruto en el seno materno, ya que es rodeada por todos lados y combatida por tantos demonios y tan numerosas esencias incitadoras. Mas si lográis resistir y sobreponeros a esta prueba de fuego y duro examen, tal victoria os significará ver aparecer el comienzo de vuestra resurrección del infierno, el pecado, la muerte y la tumba de la mortalidad, y ante todo en la cualidad de Venus: pues entonces la tintura de la vida surgirá con fuerza de la prisión del oscuro Saturno, a través del infierno del venenoso Mercurio , y a través de la maldición de la muerte dolorosa de la misma ira divina que arde y llamea en Marte, y se impondrá el suave amor-fuego en la cualidad de Venus, y la tintura de amor-fuego obtendrá preeminencia y el dominio supremo. Y luego gobernará allí el ánimo suave y el amor-fuego de la divina Venus como rey y señor en y sobre todas las cualidades. Con todo esto existe todavía el peligro de que la obra de la piedra sufra un fracaso. Por eso el artista debe aguardar hasta que la tintura quede revestida con el color blanco y cubierta de la mayor blancura, lo que con tan larga paciencia y calma esperé ver; lo cual aparece realmente cuando la tintura se eleva en cualidad lunar: ya que la luna da a la tintura un hermoso blanco, el blanco más perfecto, y un luminoso brillo. Y en todas partes se torna ahora la oscuridad en luz y la muerte en vida. Y sobre esta blancura reluciente solía brotar en el corazón del artista la alegría y la esperanza, porque la obra, por sí sola, tan felizmente había llegado a realizarse. Pues en adelante manifiesta el color blanco al ojo iluminado del alma la pureza, la inocencia, la santidad y justicia, con todo lo cual la tintura va siendo revestida como un manto: es clara como la luna, hermosa como la aurora. En adelante aparece la virginidad divina de la vida templada y ya no se ve en ella ninguna mancha, ninguna arruga, ni ningún defecto.
A esta obra solían llamar los antiguos su cisne blanco, su albificación o emblanquecimiento, su sublimación, su destilación, su circulación, su purificación, su santificación y su resurrección, porque la tintura queda emblanquecida como reluciente plata, debido a su frecuente descenso en Saturno, Marte y Mercurio, y a su frecuente reascensión hacia Venus y la Luna, es enaltecida y glorificada. Esta es su destilación, su Balneum Mariae: porque mediante la frecuente destilación del agua, de la sangre y del rocío celeste por la virgen divina Sophia, la tintura es purificada en las propiedades de la naturaleza y transformada en blanca y pura como plata blanca brillantemente pulida por la múltiple circulación a través de las propiedades y formas de la naturaleza. Y así queda aquí separada y aislada toda la impureza de la negrura, toda la muerte, infierno, maldición, ira y todo el veneno que nacen de las propiedades de Saturno, Mercurio y Marte, por lo que la denominaban su separación, y cuando la tintura alcanza su blancura y brillo en Venus y la Luna, llamaban a eso su santificación, su purificación y emblanquecimiento. La llamaban su resurrección, porque lo blanco resucita de lo negro, y la virginidad divina y la pureza, del veneno de Mercurio y del furor y de la ira rojo fuego de Marte.
A lo blanco Júpiter añade lo amarillo, y finalmente el sol el carmesí, el escarlata, el rojo granate, el color rosa y el brillante oro.
Ya la piedra está endurecida, el elixir de la vida preparado, el amado niño o niño del amor nacido, el nuevo nacimiento cumplido y la obra íntegra y totalmente concluída. ¡Adios caída, infierno, maldición, muerte, dragón, bestia y serpiente! ¡Buenas noches mortalidad, temor, lamento y desamparo! Porque ahora se volverá a encontrar por dentro y por fuera la redención, salud y renacer de todo aquello que tan perdido estaba; porque poseéis ya el gran secreto y misterio del mundo entero; poseéis las perlas del amor, poseéis la esencia eterna e inmutable de la alegría divina, de la cual brota toda virtud curativa y toda fuerza multiplicadora; de la cual proviene realmente la fuerza actuante del Espíritu Santo. Poseéis la semilla de la mujer, que aplastó la cabeza de la serpiente. Poseéis la semilla de la virgen y la sangre de la virgen en una propiedad y esencia.
¡Oh maravilla de maravillas! Sois dueño de la tintura templadora, la perla de la virgen, que en una sola esencia o propiedad posee tres, posee amor, alma y espíritu; posee fuego, luz y alegría; posee la propiedad del padre, posee la propiedad del hijo y posee también la salvación. Propiedad del espíritu, y verdaderamente es tres en una sola esencia y ser, fijo y permanente. Es el hijo de la virgen, es su primogénito, es el noble héroe, el matador de serpientes y el que arroja a los pies los dragones y los aplasta… Pues en adelante el hombre del paraíso es claro como un vidrio transparente a través del cual el sol divino resplandece de parte a parte; se asemeja al oro, que es absolutamente claro, puro y brillante, y también sin mancha ni defecto. El alma es en adelante un constante ángel seráfico, puede hacerse a sí mismo médico, teólogo, astrólogo, mago divino, puede volverse lo que se le antoje, así como hacer y tener lo que quiera: porque todas las propiedades poseen una sola voluntad en unidad y armonía; y en adelante el hombre divino se halla en su propia naturaleza de acuerdo con Dios.”
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